Por kilo parecía caro. En el plato, no.
No cambió el producto. Cambió la forma de verlo.

Una cocina con demasiado peso sobre una persona
Un restaurante buscaba aligerar el trabajo de su cocinero en los días fuertes. La quinta gama podía ayudar, pero su precio por kilo parecía elevado.
El comercial vio un plato, no solo un producto
Costillas a la barbacoa de quinta gama, arroz y una guarnición. Una preparación sencilla y rápida para incorporar un plato sin añadir una receta complicada al servicio.
La compra empezó a tener otro sentido
Al pensar en la ración y en el trabajo de preparación apareció la solución, un plato completo, con un coste de producto contenido y menos carga de elaboración.
La quinta gama no se valora solo por su precio por kilo. Cuenta también el tiempo de preparación que ahorra, la regularidad con la que sale cada plato y la carga que quita a la cocina en los días de más trabajo.
Por eso, antes de hablar de precios, nuestros comerciales hablan de platos: qué se puede servir, cómo se combina y cuánto cuesta cada ración.
